Simon Yates conquista Guijuelo y se apunta la XXXVI Vuelta a Castilla y León / El Norte de Castilla

El británico suelta un latigazo a 20 kilómetros de meta que deja sentado al pelotón liderado por el mismísimo Nibali

El ciclismo es un deporte de sacrificio, de entrega, de potencia, pero también de inteligencia, de estrategia, de paciencia si se prefiere, para esperar el momento idóneo, el desgaste de tus rivales, y mover la ficha idónea que lo pone todo patas arriba.

Si logras reunir un compendio de todo lo primero y sobre todo una buena dosis de lo último, nos topamos con ciclistas de los llamados elegidos ysucede lo que sucedió en la jornada de ayer en Guijuelo, donde Simon Yates hizo suya la ‘táctica del conejo’ para salir a tiempo de la madriguera y hacerse con el triunfo parcial en la segunda etapa y el general en la XXXVI Vuelta a Castilla y León.

El británico, agazapado durante los primeros 172 kilómetros, supo esperar su momento para asestar un latigazo definitivo a 17 de meta. Echó la vista atrás para cerciorarse de que el pelotón braceaba con la lengua fuera, vio cómo las branquias del Squalo Nibali no daban para más después de intentar en vano imponer un ritmo alto, y emprendió una ‘mini contrarreloj’ en solitario para hacerse con el triunfo parcial y también el general de la clasificación.

No acabó el mes de mayo en las mejores condiciones para Yates, que se vio obligado a bajarse de la bici en el Giro de Italia por una mala caída en el Monte Etna en la etapa 17ª cuando ya acumulaba dos triunfos parciales. Un fuerte dolor en la rodilla, agravado por un edema en la rótula, no le dejó entonces engordar su palmarés, tampoco tomar parte en el último Tour, y sin embargo apenas dos meses después llegó a tiempo para, más fresco de cabeza que de piernas, tirar de tablero para ganarle la partida a corredores teóricamente más rodados como el neozelandés George Bennett.

El rutómetro invitaba a la estrategia. En una jornada espectacular de ciclismo en la que el pelotón rodó a una media de 38 kms/h con cinco puertos, 35 grados en el termómetro y un trazado rompepiernas que no dio tregua ni respiro alguno, el guion empezó a escribirse bien pronto. Seis corredores (Daniel Mclay, el ‘chupe’ López-Cózar, David González, Dani Viegas, Daniel Muñoz y Pier-Andre Cote) decidieron jugar sus bazas y cobrar prácticamente todo el protagonismo de la carrera al paso por el kilómetro 10, en una fuga madrugadora que llegó a disfrutar de 3 minutos y 50 segundos de ventaja y que murió poco después de dejar atrás Vallejera –110 kilómetros después–.

Para entonces, el pelotón había sudado ya los rigores propios del continuo tobogán que es la Sierra de Salamanca. La sacudida del Alto de Valero, la encrucijada de Peñacaballera, los picotazos del Castañar, el exigente empedrado de Candelario –espectacular paso arropado por el calor de los muchos aficionados que se apostaron buscando la sombra–,…

Un guion tan caprichoso que hasta David González, el abulense de Fontiveros, llegó a ser el líder virtual de la ronda en dura pugna con Daniel Mclaid. Pero su sueño, como el del resto de fugados, estaba condenado a despertar sin premio. De ello se encargó Simon Yates, el gemelo de Adam, al convertir los últimos 17 kilómetros en una carrera contra el reloj para salvar los diez segundos que necesitaba para enfundarse el maillot de líder.

Preparado para la Vuelta a España

El británico celebró en línea de meta su quinto triunfo parcial en terreno español. «Vengo entrenando bien desde el Giro y creo que llego perfecto a la Vuelta a España».

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